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El 1º de diciembre de 2007 los batllistas sentimos una alegría sin parangón. No era para menos; más de 45.000 personas se acercaron a elegir a 100 colorados para integrar de pleno la Convención Nacional y las Convenciones Departamentales del Partido Colorado.
Creemos no estar confundidos al decir que la Convención Nacional es el órgano soberano del Partido, que define sus principios y fija sus programas, así como su política general de acción. Que es el ámbito del intercambio de ideas, de la oposición de posturas de la cual surgen los caminos de entendimiento. Que es la que debe formar en los valores esenciales que procuren hacer de esta colectividad un partido transparente y apegado a la moral, y en definitiva la jueza ineludible que actúa con todo el peso cuando alguna persona se aparta del camino de la ética.
Creemos no estar confundidos tampoco al decir que la Convención Nacional es la que guarda celosamente los principios de democracia interna del Partido y el respeto a la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión de cada uno de los integrantes del mismo. Que es la que elige a los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional, ejecutor en el ámbito nacional de la política definida por la Convención.
Finalmente, creemos no estar confundidos al decir que la Convención Nacional es la que mantiene activo al Partido, le imprime vitalidad, genera los caminos para su crecimiento, afianza su presencia en la sociedad, lo fortalece.
Con este espíritu, emanado de la Carta Orgánica del Partido Colorado, es que salimos en los días previos a la elección a decirles a nuestras familias, a nuestros amigos, a nuestros compañeros de la universidad, del liceo y del trabajo, que queríamos que nos dieran su voto. Creímos no estar confundidos al decirles a todos ellos que queríamos un cambio para el Partido Colorado, un giro de timón interno, que queríamos ser protagonistas en nuestras tiendas.
Pero luego de la votación muchas cosas nos sorprendieron. Una de ellas fue la declaración del pro – secretario del Partido, haciendo alusión a que la excelente votación del 1º de diciembre era una clara demostración del descontento de los electores hacia el gobierno del Encuentro Progresista.
Tenemos un extremo respeto al pro – secretario, autoridad indiscutible, hombre destacado y que ha dado mucho por el Partido y por la República; pero justamente por ese respeto que le profesamos es que nos vamos a permitir discrepar. Y he aquí que deberemos dilucidar quiénes son los que están confundidos.
Si tenemos que hablar de los descontentos, como motivación de los elegibles que se presentaron como candidatos a la Convención, y de los electores que apoyaron a los primeros, creemos no estar confundidos al decir que esos descontentos en todo caso corren por otros carriles. Los descontentos son hacia la interna del Partido.
Criticamos al Partido porque lo amamos, y en esa crítica que lleva al crecimiento, decimos que se ha perdido el norte en ciertas cuestiones y que se ha perdido ritmo en el quehacer. Y hemos llegado a la Convención para poner sobre la mesa esas cuestiones. Pero no podemos olvidar que allí, en todo momento, representamos además a las personas que nos dieron con su sufragio la posibilidad de llevar a la práctica y concretar todo aquel espíritu que les transmitimos cuando fuimos a solicitar su apoyo.
Por otro lado, no cabe duda que una porción de los votantes que se acercaron a las urnas en diciembre, lo habrán hecho también con un sentimiento de descontento hacia el gobierno de turno. Pero el pasado diciembre no elegimos diputados, ni senadores, ni al Presidente de la República. Elegimos a las personas que creemos que sacarán al Partido del letargo para que participe activamente de las cuestiones nacionales, expresando su apoyo o crítica al gobierno, proponiendo mejores alternativas, acercándose a la gente para escuchar sus necesidades. Y si a esas personas elegimos, será para que intenten revertir esa situación interna y propia de nuestra colectividad política. Las cosas por su nombre. El descontento con el gobierno nacional se expresará en las urnas en el 2009. En diciembre la cosa fue por otro lado.
Creemos que no estamos confundidos. Y es por eso que decimos que el cambio empieza en casa. Un autor anónimo decía: “La suma total de los errores a veces es cero y suele confundirse con lo correcto”. Quizás sea tiempo de asumir errores, sin miedo a que la suma sea negativa. Estamos dispuestos a aportar para que el cero no se confunda con lo correcto.
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